Dom. Jul 21st, 2024
El canciller alemán, Olaf Scholz, con un parche en el ojo tras un accidente leve haciendo deporte, y el ministro de Economía y Clima, Robert Habeck, escuchan al líder de los democristianos, Friedrich Merz, este viernes en el Bundestag.FILIP SINGER (EFE)

La coalición alemana ha conseguido la luz verde del Parlamento a su controvertida “ley de calefacciones”, uno de los proyectos más relevantes de la legislatura y sin duda el más disputado en el seno del tripartito y con la oposición conservadora. Alemania empieza así una batalla contra las calderas de gas, carbón y gasoil que pretende eliminarlas de manera progresiva y sustituirlas por sistemas que empleen energías renovables. Tras sufrir meses de retrasos y cambios, el texto final se ha suavizado respecto al objetivo inicial. Tanto que el Ministerio de Economía y Clima ha reconocido que Berlín no podrá cumplir con la reducción de emisiones del sector para 2030.

El proyecto de ley se encuadra dentro de los esfuerzos de Alemania por lograr la neutralidad climática en 2045, cinco años antes del objetivo del conjunto de la UE. El sector de la construcción es clave para conseguirlo porque supone el 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero del país, 112 millones de toneladas. Casi la mitad de los hogares alemanes se calientan con gas, un hidrocarburo que hasta el inicio de la invasión rusa de Ucrania fluía en grandes cantidades por los gasoductos controlados por el Kremlin. La crisis energética que provocó la contienda ha acelerado la necesidad de ir sustituyendo progresivamente los combustibles fósiles de las calderas.

Las intenciones del ministro de Economía y Clima, el verde Robert Habeck, han quedado muy diluidas en el proyecto de ley que finalmente ha salido del Bundestag. Inicialmente se iba a prohibir a partir de enero de 2024 la instalación de nuevas calefacciones de gas, gasoil o carbón. Es decir, si una caldera se estropeaba a partir de esa fecha, el propietario estaría obligado a sustituirla con otra que funcionara con un mínimo de un 65% de energías renovables, idealmente con bombas de calor, un sistema de climatización muy eficiente que consigue la temperatura deseada extrayendo aire o agua del exterior para calentar (o enfriar) el interior.

Los plazos eran tan cortos y la oposición de los conservadores y de la prensa sensacionalista tan obstinada que enseguida se generó una enorme polémica en el país. Instalar una bomba de calor sale bastante más caro que recurrir a la clásica caldera de gas, lo que disparó la preocupación entre los propietarios de viviendas. La calefacción en un país donde la temperatura media en invierno oscila entre cero y un grado se come parte del presupuesto familiar, y el cambio de la caldera es un gasto muy relevante. Aunque Habeck anunció subvenciones millonarias para ayudar a las familias con rentas bajas y medias a hacer frente a los costes, los alemanes se han mostrado escépticos o directamente contrarios a la nueva ley. Según algunas encuestas, hasta ocho de cada diez rechazan someterse a la obligación de instalar calderas ecológicas.

Tras meses de vaivenes, el texto ha quedado tan descafeinado que las excepciones pesan más que la prohibición general de instalar calefacciones de gas. Estas podrán seguir instalándose si, por ejemplo, en el futuro pueden convertirse en calefacciones de hidrógeno. También se permitirán en edificios nuevos si estos no forman parte de nuevas promociones. Al final, solo tendrán obligación de usar bombas de calor a partir de enero de 2024 los edificios residenciales de nueva construcción que se encuentren en nuevos desarrollos urbanísticos.

El tripartito de Olaf Scholz, eso sí, salva la cara. El proyecto de ley se ha aprobado este viernes con los votos a favor de 397 diputados, frente a los 275 en contra y cinco abstenciones. Acaban así meses de diputas internas que tensaron la coalición y especialmente la relación entre los dos socios menores de los socialdemócratas, verdes y liberales. El Consejo de Ministros aprobó la propuesta en abril pasado, pero los liberales, en una decisión inaudita, bloquearon la tramitación parlamentaria, que debía producirse en mayo. El último revés llegó en julio, cuando la justicia paralizó la polémica ley e impidió tramitarla antes del fin del curso político tras dar la razón a un diputado de la conservadora Unión Cristianodemócrata (CDU).

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La votación en el Bundestag estuvo precedida por un acalorado debate, con la oposición democristiana tachando la ley de “locura” y pronosticando que creará “pobreza”. “Es una buena ley”, dijo por su parte Habeck, “que protegerá a los consumidores de los elevados precios de la energía”. El ministro de Economía y Clima recordó que el objetivo de neutralidad climática para 2045 lo fijó el Gobierno anterior, liderado por la CDU. “Lo que no se puede hacer es engañar a la gente fijando objetivos pero luego no haciendo nada para garantizar que esos objetivos se cumplen”, espetó al líder de la oposición, Friedrich Merz.

Alemania empleará miles de millones en subvencionar el tránsito a las calefacciones sostenibles. Pero no saldrán de los presupuestos generales que se discuten estos días en el Bundestag sino de uno de los “fondos especiales” con los que el ministro de Finanzas, Christian Lindner, consigue volver a cumplir con el llamado freno a la deuda tras estar suspendido durante los años de la pandemia. El Fondo para la Defensa del Clima y la Transformación (KTF) suma 177.500 millones de euros, ya aprobados y al margen del presupuesto, para financiar proyectos relacionados con la emergencia climática.

Las dudas sobre qué parte del coste de las bombas de calor subvencionará el erario han monopolizado los debates estos últimos meses. Finalmente, el Gobierno ha decidido que en algunos casos se cubrirá hasta el 70%. La transición, además, será lenta. El 1 de enero de 2024 solo los nuevos desarrollos instalarán bombas de calor —algo que en realidad muchos promotores ya contemplan—. La obligación general de instalar calderas con energías renovables no entrará en vigor hasta que los ayuntamientos presenten planes de calefaccion vinculantes, algo que no se espera antes de 2026 en los más pequeños y de 2028 en los grandes.

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