Vie. Jul 19th, 2024
El piloto italiano Marco Bezzecchi este sábado durante la clasificación del Gran Premio de San Marino.DANILO DI GIOVANNI (EFE)

El jefe está estos días en Misano, a pie de pista, desde donde más disfruta con la evolución de sus pilotos en su circuito de casa. Apenas 20 kilómetros, media hora escasa en coche, separan su Tavullia natal del trazado que lleva el nombre de su primer protegido, el tristemente fallecido Marco Simoncelli. Fue con él que Valentino Rossi empezó en 2011 a darle vueltas a eso de montar una academia de pilotos, una VR46 Riders Academy que el curso pasado consiguió su principal objetivo: dar a Italia su primer campeón del mundo de MotoGP después de su retirada.

Era uno de los grandes sueños de Rossi, que todavía sigue disfrutando como un niño en el Mundial de motociclismo gracias a sus hijos deportivos. Además de promotor de la academia que aporta cuatro pilotos de primer nivel a la categoría reina -el campeón Pecco Bagnaia, el experimentado Franco Morbidelli y las promesas Marco Bezzecchi y Luca Marini, su hermano-, Il Dottore es el propietario del Mooney VR46 Racing, segundo clasificado en la tabla por equipos. Alessio Salucci, Uccio para todos, ahora jefe de la escuadra, reconoce que el sueño definitivo de su gran amigo Valentino es ganar el título con su propia estructura.

“Eso sería la bomba. No es fácil con un equipo satélite, pero… El sueño sería ganar con Bez o Marini, este o el próximo año”, comenta a EL PAÍS quien fue y sigue siendo la mano derecha de Rossi desde su llegada al Mundial en 1996. El proyecto del equipo y la academia nacieron oficialmente en 2014, y todavía hoy ambos hablan a diario de todo ello con una pasión que da envidia. “Un día, y lo recordaré siempre, nos llamó y nos dijo literalmente ‘ragazzi, debemos fundar la VR46 Riders Academy’. ‘¡Qué bonito!’, pensé. Se me puso la piel de gallina”.

En menos de una década los resultados del proyecto para “el mañana sin Rossi”, como lo define Uccio, son espectaculares. Con la victoria de Bezzecchi en Argentina a principios de año llegó el primer triunfo del equipo VR46 en MotoGP en el que es su segundo año en la categoría reina. “Allí vimos que era posible. Ese triunfo nos dio una mayor resolución a la hora de querer ser un equipo puntero, a empujar todos con dos pilotos fuertes y cambiar el chip”, apunta.

“Fue un momento fantástico, de emociones muy bellas”, evoca Bezzecchi, tercer clasificado en el certamen y segundo en parrilla por detrás del español Jorge Martín en el GP de San Marino de este domingo (14:00h, DAZN). El piloto riminés de 24 años, sonrisa afable y pelazo rizado recuerda vívidamente su primera jornada en el rancho donde Rossi montó su academia: “Llegué con la furgoneta de trabajo de mi padre y unas buenas pintas. Vale fue muy amable y cercano. Me conocía y se presentó como si él fuera uno más en este planeta. Luego probé unas vueltas, la primera justo detrás de Pecco”.

Bez tenía 16 años cuando accedió a la exclusiva academia, un hecho que le cambió la vida. “Seguramente, sin Vale y la Riders Academy yo jamás hubiera llegado al Mundial de motociclismo. Es un deporte donde debes ser muy bueno, pero también tener algo de fortuna”, reconoce. Allí se batió semana tras semana con Rossi y su camada de protegidos. “Sus consejos, toda esa sabiduría que atesora, tantas carreras ganadas y mundiales, son una fuente inagotable de conocimiento. ¿Quién mejor que él para hacerme crecer?”, apunta. En su peor momento en Moto2, Rossi rescató a su pupilo dándole cobijo en su estructura cuando todavía estaba en la categoría intermedia. El año pasado, con el visto bueno del gran jefe e ídolo, dio el salto a MotoGP y firmó una pole y un podio para terminar como novato del año.

Después de acumular dos victorias, dos poles y cinco podios en lo que va de curso, a Bezzecchi le llegó la oportunidad de dar el salto al Pramac de cara a 2024, con derecho a usar la versión más actualizada de las motos oficiales de Ducati. Rechazó la montura para quedarse un año más en casa de Rossi, un equipo muy bien estructurado, de ambiente sano y familiar, que es la envidia del paddock. “Hemos crecido mucho juntos. Siempre han creído en mí, y no hacía falta que me dijeran gran cosa para convencerme”, apunta Bez, a quien le costó evidentemente rechazar la montura de fábrica.

Le convenció una vez más Rossi, el referente al que los italianos que dominan la categoría, desde el campeón Bagnaia hasta el desdichado Morbidelli, siempre acuden para recabar consejos y reflexionar sobre sus resultados y rendimiento después de cada fin de semana de carreras. “Pienso que todos trabajamos para todos. Somos un gran grupo, una familia. No lo digo para quedar bien, es así y creo que se puede ver nuestra gran atmósfera desde fuera. Por ejemplo, la relación entre Pecco y Marco es fantástica, real y sincera”, constata Uccio. La fórmula secreta, asegura, es simple: “Basta con reírse juntos y no caer en tonterías”.

Pasito a pasito, el último sueño de Rossi va tomando forma. Ganar con sus pilotos y su equipo el Mundial de MotoGP. La última vez que se hizo, en 2001, era él quien iba encima de la moto y la categoría reina todavía eran los 500cc.

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