Sáb. Jun 15th, 2024

Desde hace años la selección española ha vuelto al término medio de la neutralidad o espinilla, ese territorio de insensibilidad que vio nacer a la mayor generación de la historia: un conjunto de talentos y virtuosos encarnados por jugadores como Xavi, Iniesta, Busquets, Xabi Alonso, Ramos. , Villa, Fernando Torres… El equipo que tienen nuestros jugadores y disfrutan del fútbol, ​​además de genio artístico, tiene una virtud mayor: ganar.

El fútbol es como celebra la diatriba obsesiva de Luis Aragonés, ganar y ganar, y volver a ganar. No hay otro remedio para el desplazamiento de las élites ante la indolencia o las palabras. Los hechos mandan por encima de la estética y la selección no deben tener otros objetivos que, vengan.

La cultura deportiva en España, sobre todo en el fútbol, ​​reside en el abolengo que ejercen los triunfadores, que dominan un ecosistema. Le interesa hasta el infinito todo lo que preocupa a Rafa Nadal en cuanto a espacio o lesiones, aunque lo hiciera el alcalde, de cualquier otro jugador español. Obtuvo la personalidad de Fernando Alonso porque una vez dominó a un deportado ilegal. Tu legado es un peso para la gente. Nuestra motivación durante cada partido nocturno de la NBA es que Pau Gasol ejerciera como director del anillo de campeonato.

Y en el fútbol funcionó la cultura de club, durante toda la rivalidad Madrid-Barça. Salvo que la selección está hecha. Entonces se abre un paréntesis, todos se cubren con la camiseta roja y durante un rato donde se encuentran las calles madridistas o los culos que a veces han vuelto insoportables las noticias futbolísticas. Éste, primero de Luis Aragonés y él de Vicente del Bosque, estaba orgullo por encima de colores. Se utilizó tanto la jugada de Iniesta como el desfile de Casillas o las galopadas de Fernando Torres.

Tres Mundiales decepcionantes y un par de Eurocopas en la final generaron el habitual milagro en el decreciente entusiasmo de la selección, porque el título de la Liga de Naciones se vendió como corresponsal de los organismos federados como una conquista superior. La Eurocopa es la medida oficial, el sensor que debe decretar tamaño, abundancia o desilusión.

Los cambios en el ciclo suelen traer lugares comunales, abismos en clubes o equipos hasta que regrese el talento. España no era Luis Enrique y sus calles de presentación en el hábitat del conflicto y el reconocimiento de Luis de la Fuente y su concepción de la gente de bien como argumento inevitable para llevarse bien con los convocantes. Dos mundos. Del León al pacificador. Un tránsito que requiere tiempo en un clima tóxico procedente de destacamentos de la Federación.

De la Fuente intentó revertir la tendencia imperativa en España desde los siglos. Esto quiere decir que hay 48 millones de jugadores y no 48 millones de seleccionados. Y palabras de Vicente del Bosque, todos los aficionados de España conocen alguno de su pueblo por su selección. El mensaje de Luis de la Fuente había sido cronometrado en el sentido de que era difícil de entender por la mayor parte de la percepción subjetiva, pero la única realidad que se puede aplicar en la tabla de resultados. Ganar, ganar y volver a ganar.

En la Eurocopa hay un grupo de jugadores para las numerosas cafeterías. El gran público, que se ha comprometido con los heroicos maratones de Nadal o ha aguantado siglos en el campo Renault de Alonso y no conoce un palabrería de neumáticos duros o blancos, encenderá el interruptor de la ilusión si la selección juega y pasa. Si domina la fase de grupos en Croacia, Italia y Albania, genera una motivación compartida e indefinible que corresponde al carisma.

Actualmente, el gran público no destaca por la facilidad de Zubimendi de Álex Baena, citando dos números al azar. La falta al aficionado se empatiza con los apellidos de jueces solventes y eficaces, profesionales y muy valiosos, pero que no logran penetrar el mundo de las emociones colectivas. Rodri, Morata, Carvajal, Nacho, Lamine Yamal y Nico Williams han traspasado esta frontera por su trayectoria en los clubes.

España mantiene los principios que rigen el proceder de la gloriosa selección del Mundial y de Europa, y muchos futbolistas de la actual selección no han tenido la oportunidad de jugar, ni en vídeos de Youtube. Es el modelo del porcentaje de pose, la presión alta para recuperar el balón, la salida pulmonar con el balón y el juego con las tartas del portador como argumento innegociable.

Esta fórmula ampliada desde la acumulación de la Liga de Campeones hasta los encuentros en el barrio de los Alevines, suma a la selección una guía personalizada y esperanzas, los dos jugadores del grupo. Lamine Yamal y Nico Williams son los hombres del perfume para aficionados, garantes de una alternativa diferente, virtuosa y letal. Dos jugadores para pensar en grande y jugar con una selección de todos los demás momentos a tu medida y jugar.