Vie. Jul 19th, 2024

Para aquellos que se asoman por primera vez al fútbol femenino, puede resultar sorprendente la lista de selecciones dominantes en las últimas décadas y sus notables diferencias con el fútbol masculino. Los ocho Mundiales de fútbol femenino disputados entre 1991 y 2019 los han ganado cuatro países: Estados Unidos en cuatro ocasiones, Alemania en dos, Noruega y Japón. Con la excepción de Alemania, ninguno de los otros tres países destaca en los campeonatos de fútbol masculino. Por el contrario, Brasil, que ha logrado cinco títulos masculinos, y Argentina, que suma tres, nunca han ganado la competición femenina. Lejos de deberse al azar, estas notables diferencias de género en el éxito en el fútbol internacional se relacionan claramente con el grado de igualdad entre hombres y mujeres en los países.

Existen tres posibles explicaciones, no incompatibles, de esta brecha de género en el rendimiento de las selecciones. En primer lugar, el desarrollo económico se correlaciona con la emancipación de las mujeres. En los países más ricos los avances tecnológicos en los hogares, la menor fecundidad o una distribución más equilibrada de las tareas domésticas en las parejas aumenta la autonomía personal de las mujeres y les permite invertir más tiempo en actividades como el deporte. De este modo, el desarrollo económico aumentaría el talento disponible y daría lugar a mejores selecciones femeninas de fútbol.

En segundo lugar, el empoderamiento de las mujeres en las sociedades a través de políticas en los mercados económico y político reduciría las desigualdades de género y atenuaría los roles de género. El fútbol no se percibiría así como una actividad predominantemente masculina. En general, los países en los que las mujeres disponen de oportunidades en la sociedad similares a los hombres tienden a invertir más en el deporte femenino.

Finalmente, las selecciones femeninas podrían conseguir mejores resultados cuando se invierte directamente en la promoción del fútbol femenino a través de la cobertura de los medios de comunicación y, muy especialmente, la creación de ligas nacionales. La promoción del fútbol femenino tiene que ver con estrategias específicas dentro y fuera del campo para aumentar el interés y conocimiento del juego.

Si el principal determinante del éxito en el fútbol femenino fuese el desarrollo económico, no harían falta políticas de género, especialmente en el deporte; simplemente habría que esperar las externalidades positivas que llegarían antes o después. Sin embargo, si los factores que más pesan fuesen el empoderamiento de las mujeres y la promoción del fútbol femenino, unas buenas políticas activas en ambos frentes serían decisivas.

La evidencia científica de la que disponemos y el propio éxito de la selección española en el Mundial femenino de 2023 muestran claramente que hay que actuar a través de políticas de género generales y específicas en el fútbol y que esperar los beneficios del crecimiento económico no es una estrategia ganadora.

En un estudio que publicamos hace unos meses (“Waiting or Acting? The Gender Gap in International Football Success” en el International Review for the Sociology of Sport) con datos para 116 países entre 2003 y 2019 encontramos que el fútbol femenino está lejos de ser un subproducto del masculino. Las selecciones femeninas consiguen mejores resultados en los campeonatos cuando las mujeres están empoderadas en el país y cuando se implementan políticas diseñadas para promover el fútbol femenino. De acuerdo con el Índice de Desigualdad de Género (GII) elaborado por Naciones Unidas y que refleja las desigualdades de género en salud reproductiva, el empoderamiento y el mercado de trabajo, en 2021 España era el país 14 en igualdad de género en una lista de 170 países. Los cuatro países semifinalistas en el Mundial de 2023, España, Países Bajos, Gran Bretaña y Australia, se encontraban entre los 27 primeros países más igualitarios. Merece la pena destacar que Argentina estaba en la posición 69 y Brasil en la 94. Por el contrario, los datos no apoyan el argumento de que un mayor desarrollo económico se traduzca de forma sistemática y automática en una mayor calidad del fútbol femenino y, de ahí, en mejores posiciones en los campeonatos de selecciones nacionales.

Sin duda, el éxito de la selección española precisamente en el Mundial de 2023 y no en ediciones anteriores tiene mucho que ver con la extraordinaria transformación del fútbol femenino en nuestro país en los últimos años. Se trata de cambios como la retransmisión de los partidos de la liga femenina a través de la televisión, la creciente cobertura de los medios de comunicación, la profesionalización de las jugadoras y técnicos, la apuesta decidida de los grandes clubes como el Real Madrid o el F.C. Barcelona por el fútbol femenino o la creación de la Liga Profesional de Fútbol Femenino en 2021.

En el momento actual del debate político en España, cuando se vislumbra la posibilidad de retrocesos en las políticas de género de algunos gobiernos autonómicos, el éxito internacional de nuestro fútbol femenino demuestra bien a las claras que la reducción de las brechas de género exige un papel activo de las administraciones públicas y los agentes implicados. Aprendamos del fútbol femenino.

Ignacio Lago Peñas es catedrático de Ciencia Política en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Santiago Lago Peñas es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Vigo. Carlos Lago Peñas es catedrático de Educación Física y Fútbol en la Universidad de Vigo.

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