Mar. Jun 18th, 2024

China, China, y China. La Casa Blanca no menciona al coloso oriental en sus declaraciones sobre la gira, pero el viaje que ha emprendido el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a Asia para participar en la cumbre del G-20 en Nueva Delhi, la capital de la India, y reunirse en Hanói con las autoridades de Vietnam tiene como uno de sus grandes objetivos implícitos el reforzar las alianzas que entreteje en la región para responder al auge de su gran rival sistémico.

Ambas etapas del viaje ponen de relieve hasta qué punto Washington está interesada en forjar lazos con países en la región del Indo-Pacífico, aunque los gobiernos de esas naciones no siempre compartan los mismos intereses o los valores que Estados Unidos asegura defender, desde los derechos humanos a la libertad de prensa.

La visita complementa otros pasos que la Casa Blanca ya ha dado en ese sentido en la región durante el mandato de Biden: el mes pasado acordó reforzar la alianza triangular con Corea del Sur y Japón, durante una cumbre trilateral en Camp David, la residencia de descanso del presidente estadounidense. En lo que va de año ha dado nuevos impulsos al grupo informal conocido como Quad —India, Japón, Australia y Estados Unidos— o al pacto militar Aukus (Reino Unido, Australia y EE UU)

Aunque Biden se ha declarado “decepcionado” por no verse cara a cara en esta ocasión con el presidente Xi Jinping, el inquilino de la Casa Blanca encontrará un mayor espacio para transmitir sus mensajes: su homólogo chino, que había acudido a cada edición de la cumbre durante su mandato hasta ahora, ha optado por permanecer en casa, por motivos no precisados, y enviar en su lugar al primer ministro Li Qiang.

Biden, que llega este viernes a Nueva Delhi, tiene previsto reunirse casi de inmediato con el primer ministro indio, Narendra Modi, a quien ya recibió con honores de jefe de Estado el pasado junio en la Casa Blanca. Y tras participar en la cumbre de las principales economías del mundo, se desplazará el lunes próximo a Vietnam, otro de los países en la región del Indo-Pacífico que ven con preocupación la asertividad china y a los que Washington corteja con intensidad.

En la reunión del G-20, el presidente estadounidense tratará de fortalecer dos instituciones financieras internacionales claves en el orden económico actual, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que aportan financiación y asesoramiento a los países en desarrollo. La idea, en opinión de los expertos, es reforzar el papel de ambos como alternativas a los programas e instituciones que China ya tiene en marcha para ofrecer asistencia a las naciones del Sur Global: desde la iniciativa conocida como la Nueva Ruta de la Seda —que este mes cumple 10 años— al Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII). Washington acusa a Pekín de utilizar sus programas de financiación como herramienta para atraer a otros países a su órbita.

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“Dada la escala de las necesidades (de inversión internacional) y, francamente, la escala de la coercitiva e insostenible financiación china a través de la Nueva Ruta de la Seda, tenemos que asesorarnos de que existen soluciones de gran calidad y capacidad para responder a las necesidades de los países”, ha declarado el consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan.

Estados Unidos ha sido el principal actor, históricamente, tanto en el Banco Mundial como en el FMI. Pero a medida que China se ha consolidado como la segunda economía del mundo, también ha aumentado su influencia dentro de ambas instituciones creadas en la conferencia de Breton Woods en 1944. Al mismo tiempo, ha expandido su financiación a países del Sur Global mediante sus nuevos programas y sus bancos institucionales, que llegaron a conceder más créditos en América Latina que los propios FMI y Banco Mundial juntos.

Biden ha pedido en agosto al Congreso estadounidense la asignación de 2.500 millones de dólares para el Banco Mundial, una cantidad que considera que incentivará a otros países miembros a aumentar también sus contribuciones.

Además, el presidente estadounidense pedirá a los miembros del G-20 en Delhi una condonación “significativa” de la deuda externa, “para que países de pequeños y medianos ingresos puedan recuperarse tras años de presiones sobre sus economías y su población”, apunta el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby.

“La estrategia es demostrar que existen herramientas bilaterales, pero también y en el contexto del G-20 hay herramientas multilaterales, y herramientas multilaterales encabezadas por Estados Unidos. Hay un deseo de presentar voluntad de apoyo y fortalecimiento a esas instituciones”, considera Stephanie Segal, del think tank Centro de Estudios Internacionales Estratégicos (CSIS).

Pero la Casa Blanca insiste una y otra vez en que estos pasos no se toman con China en mente. “Aumentar el tamaño, relevancia y capacidad del Banco Mundial para asistir a los países de pequeños y medianos ingresos no va contra China”, sostenía esta semana el consejero Sullivan en una rueda de prensa para presentar el viaje presidencial.

De Nueva Delhi, Biden se desplazará a Hanoi para tratar sobre un aumento de la cooperación bilateral con las autoridades vietnamitas. El presidente podría anunciar que la relación bilateral se elevará a alianza estratégica extensiva, el mayor nivel en los lazos diplomáticos estadounidenses. Un gran salto para una amistad que solo se normalizó por completo en 1995, 20 años después de la guerra que les enfrentó.

Según ha apuntado la Casa Blanca, Biden se reunirá con el secretario general del Partido Comunista, Nguyen Phu Trong, con quien ya coincidió en su etapa como vicepresidentes. Con él tratará sobre tecnología, innovación y esfuerzos para “aumentar la paz, la prosperidad y la estabilidad en la región”.

Vietnam, que mantiene una relación relativamente cordial con China pese a sus disputas territoriales en el mar del Sur de China, tiene un gran interés en profundizar sus lazos con Estados Unidos, que ya es su principal socio comercial. Este país se ha visto beneficiado por los roces entre Washington y Pekín, que le han convertido en una fuente alternativa de suministros para los mercados estadounidenses.

China ha visto con malestar la visita de Biden a su vecino en el sur. Esta semana ha organizado su propia visita de alto nivel a Vietnam, con el objetivo declarado de intensificar la “confianza política” entre los dos países.

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