A escasos días de los comicios generales de 2025, varias entidades de la sociedad civil alertaron que la gestión del proceso electoral presenta obstáculos que podrían mermar su fiabilidad. Destacaron que la polarización constante, los desacuerdos sobre la legislación electoral y las disputas relacionadas con la designación de los funcionarios electorales han elevado el escrutinio ciudadano sobre la fortaleza institucional de la nación.
Mandatos constitucionales y tensiones entre poderes del Estado
Los pronunciamientos enfatizaron que el respeto a los mandatos constitucionales será determinante para mantener la confianza ciudadana. La responsabilidad recae, indicaron, sobre el Congreso Nacional, la Fiscalía General, las Fuerzas Armadas y el Poder Ejecutivo, incluidos los actores vinculados al partido LIBRE, en su capacidad de actuar dentro de los límites establecidos por la ley.
Las entidades enfatizaron que la intervención de las fuerzas armadas debe limitarse a su cometido de apoyo, tal como lo establece la Carta Magna, sin involucrarse en funciones que puedan percibirse como sesgadas. Asimismo, indicaron que tanto el Poder Legislativo como el Ejecutivo deben abstenerse de emitir juicios prematuros acerca de los desenlaces electorales, ya que tales pronunciamientos podrían avivar la discordia social en un ambiente ya polarizado por la pugna política.
En paralelo, resaltaron que la actuación del Consejo Nacional Electoral (CNE) resultará crucial. Se espera que conserve principios de autonomía, claridad y puntualidad en cada fase del procedimiento para garantizar la pulcritud en la gestión electoral.
Independencia de la observación electoral
Las organizaciones consideraron que la observación nacional e internacional puede desempeñar un papel relevante para fortalecer la legitimidad del proceso. Aludieron a misiones como las de la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos, cuyas evaluaciones pueden contribuir al fortalecimiento de la rendición de cuentas institucional.
Este acompañamiento, señalaron, permitiría reforzar la percepción de neutralidad en momentos donde aumenta la competencia política y la ciudadanía demanda garantías sobre la integridad del voto. La presencia de observadores locales también fue subrayada como un componente útil para acercar la vigilancia electoral a las comunidades y ampliar la participación social.
Diálogo global y obligaciones regionales
En el llamado dirigido a los Estados Unidos, las organizaciones solicitaron un apoyo “constructivo” que se articule con autoridades nacionales, sectores políticos y sociedad civil. Indicaron que el objetivo es proteger la transparencia y la legitimidad del proceso, bajo los principios de la Carta Democrática Interamericana.
Afirmaron que un acompañamiento respetuoso a los estándares democráticos puede contribuir a que las elecciones de 2025 reflejen la expresión del electorado hondureño en un entorno político complejo. La interlocución internacional, añadieron, puede convertirse en un mecanismo que incentive el cumplimiento de responsabilidades institucionales y reduzca los incentivos para prácticas que erosionen la confianza pública.
La declaración conjunta finalizó con la rúbrica de delegados de diversas entidades con alcance tanto regional como hemisférico, incluyendo a Seattle International Foundation (SIF), Hope Border Institute, Latin America Working Group (LAWG), Chicago Religious Leadership Network on Latin America (CRLN), Alianza Americas, Due Process of Law Foundation (DPLF), Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI), Washington Office on Latin America (WOLA) y Unitarian Universalist Service Committee (UUSC).
El panorama presentado por estas entidades revela las fricciones inherentes al proceso comicial de 2025 y enfatiza la importancia de que las entidades hondureñas operen conforme a los preceptos legales. La mirada tanto a nivel nacional como global se centra en aspectos como la solidez política, el desempeño de las ramas del gobierno y la intervención de la ciudadanía, componentes que incidirán en la apreciación de la transparencia electoral en una coyuntura crucial para la administración democrática de la nación.
