Dom. May 19th, 2024

La película no es nueva. De hecho, la saga se extiende hasta los ocho episodios, las veces que Novak Djokovic ha logrado levantar dos sets en contra en el territorio de la larga distancia. Sin embargo, muy pocos podían imaginar que el serbio se llevase semejante sofocón ante su compatriota Laslo Djere, y no porque este no dé la talla –es el 38º del mundo y en el único precedente entre ambos le condujo a Nole a tres sets y dos desempates–, sino porque el virtual número uno no había ofrecido una sola señal de flaqueza de en los dos primeros capítulos del torneo. Frente a Alexandre Müller y Bernabé Zapata se había dejado 11 juegos y había permanecido en la pista tres horas y 35 minutos; ante Djere, se le escaparon 17 y empleó tres horas y 45 minutos.

En todo caso, como acostumbra, el balcánico salió airoso: 4-6, 4-6, 6-1, 6-1 y 6-3. Por decimoquinta vez en su carrera, pisará los octavos del US Open. “Me da igual contra quién juegue, lo importante ahora es que duerma y me recupere…”, afirmó a pie de pista, cuando el reloj ya marcaba las 1.35 de la madrugada y después de haber logrado imponerse por novena vez en un partido a cinco sets en Nueva York. Tan solo falló en dos ocasiones. No enmendaba un 0-2 adverso sobre el cemento de Flushing Meadows desde que remontara al suizo Roger Federer en las semifinales de 2011, fecha en la que conquistó por primera vez el torneo.

Se dice que Djokovic tiene siete vidas, pero en realidad son mil. Escapa una y otra vez. Le puso contra las cuerdas Djere (28 años) con una valiente propuesta que se quedó corta y que sucumbió al virtuosismo de Nole en las situaciones límite. En esta ocasión, el campeón de 23 grandes no sesteó, pero se topó con un rival que le arrinconó merced a sus excelentes prestaciones al servicio en las dos primeras mangas. Sin embargo, en los instantes delicados perdió fuelle y, en sentido opuesto, su adversario lo incrementó como probablemente solo él sepa hacerlo cuando amenazan las llamas. Experto en funambulismo, por enésima vez alcanzó el extremo deseado.

“Son casi las dos de la mañana. Gracias de corazón a los que os habéis quedado para apoyarnos”, se dirigió a la grada. “Espero que hayáis disfrutado del espectáculo, no tan agradable para mí, sobre todo en los dos primeros sets. Es uno de los partidos más duros que he jugado aquí en años. Mucho crédito a Laslo por jugar a este nivel”, prosiguió, mientras los datos señalan que ha ganado nueve de los diez últimos partidos que ha disputado a cinco sets. Sufrió de lo lindo, pero del mismo modo salió reforzado. Sobre aviso ya, no puede permitirse más pasos en falso ni desperdiciar combustible. El domingo se enfrentará al croata Borna Gojo, a priori bastante menos exigente (105º del mundo).

El sufrimiento nocturno de Djokovic marcó una jornada que subrayó otro nombre propio, el de Caroline Wozniacki. La danesa, de 32 años y en su momento número uno, acaba de regresar al circuito después de tres años de pausa y tras dar a luz en dos ocasiones. No ha perdido el instinto competitivo la nórdica, que accedió a los octavos al imponerse a la local Jennifer Brady por 4-6, 6-4 y 6-1. Se medirá en la próxima estación con la estadounidense Coco Gauff, la gran esperanza norteamericana. Batió a Elise Mertens por 3-6, 6-3 y 6-0. Mucho más contundente se mostró la gobernadora actual y defensora del título, Iga Swiatek, que pulverizó en 49 minutos a Kaja Juvan por 6-0 y 6-1 antes del cruce con Jelena Ostapenko.

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